¿En Qué Gasta El Gobierno?

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¿Cuántos recursos llegan realmente a los bolsillos de los beneficiarios de la acción gubernamental, y cuántos se quedan en los bolsillos de los burócratas encargados de regentar los programas gubernamentales que tienen como fin el bien de los gobernados?

El gobierno debe garantizar la seguridad, impartir justicia, y ofrecer los bienes y servicios públicos ¡que realmente sean públicos! Para que lo haga los contribuyentes pagamos impuestos, cuyo cobro por parte de los recaudadores se justifica si el gobierno lleva a cabo, con honestidad y eficacia, las tareas antes mencionadas.

Pero el gobierno puede (habrá que ver si debe), hacer mucho más que garantizar la seguridad, impartir justicia, y ofrecer los bienes y servicios públicos. Puede, desde ayudar a los más pobres, hasta invertir en la construcción de infraestructura, y un largo, larguísimo, etcétera, todo lo cual requiere de recursos que, de una u otra manera, hoy o mañana, salen del bolsillo de los contribuyentes.

Independientemente de lo que el gobierno hace, a la hora de analizar su gasto hay que distinguir, entre los recursos que realmente llegan a los bolsillos de los beneficiarios de los programas gubernamentales, y los que se quedan en los bolsillos de los burócratas encargados de idear, poner en marcha, administrar y evaluar esos programas, que tienen como fin el bien de los gobernados. Esto último puede llamarse “el costo del gobierno”, y corresponde, en muy buena medida, al llamado gasto corriente. En estos términos, ¿cuánto nos cuesta el gobierno a los contribuyentes?

Para responder me remito al Informe Trimestral sobre las Finanzas Públicas y la Deuda Pública, correspondiente al primer trimestre de este año 2003, en el cual la Secretaría de Hacienda nos informó que, entre enero y marzo, los egresos totales del gobierno sumaron 370 mil 382 millones de pesos, de los cuales 205 mil 367 millones correspondieron a gasto corriente, de los cuales 120 mil 607 millones de pesos correspondieron al renglón de servicios personales, es decir: sueldos, salarios, honorarios, prestaciones, y todo aquello que corresponde a la nómina del gobierno.

Lo anterior quiere decir, en primer lugar, que el 32.6% del gasto total del gobierno se destina al pago de su nómina (¡prácticamente una tercera parte!) y, en segundo término, que el 58.7% del gasto corriente corresponde a servicios personales.

Además, hay que tener en cuenta que, durante el primer trimestre del año, con relación al mismo periodo del año pasado, el gasto corriente del gobierno se incrementó 4.5%, al tiempo en el que su gasto en inversión aumentó solamente 0.4%.

¿Qué quiere decir lo anterior? Que buena parte del presupuesto del gobierno se queda en manos de la burocracia gubernamental: 32.6% del total, y que buena parte de ese porcentaje que se queda en las manos de la burocracia lo hace a manera de sueldos, salarios, honorarios, prestaciones, y demás componentes de la nómina del gobierno.

¿Cuántos recursos llegan realmente a los bolsillos de los beneficiarios de la acción gubernamental, y cuántos se quedan en los bolsillos de los burócratas encargados de regentar los programas gubernamentales que tienen como fin el bien de los gobernados? A lo largo del primer trimestre del año, 33 centavos de cada peso gastado por el gobierno se destinaron a sueldos, salarios, honorarios, prestaciones, y demás componentes de la nómina del gobierno. Ya nos va quedando claro en qué gasta el gobierno.

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