Subsidios: Entre La Economía De Ficción Y El Estado De Chueco

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en Economía

Si el fin de la economía es hacer más con menos, los subsidios son la antítesis de la economía, dado que promueven el despilfarro.

Los subsidios son propios de la economía ficción, que siempre es más lo segundo (ficción) que economía (lo primero). Si el fin de la economía es hacer más con menos (y ante el hecho de la escasez – no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos al precio que cada uno estaría dispuesto a pagar -, ese el fin de la economía), los subsidios, dado que promueven el despilfarro, son la antítesis de la economía. ¿Por qué? Porque el subsidio impide que el consumidor pague, por lo menos, el costo de producción de aquello que consume, lo cual motiva el desperdicio, antítesis de la economía.

Además de motivar el desperdicio, los subsidios crean una ilusión, que tiene que ver con el beneficio de aquellos que lo reciben, ilusión, en primer lugar, porque lo que se gana por la vía de un precio relativamente barato se pierde por la vía de una menor oferta y de una menor calidad (véase lo que ha pasado con la industria eléctrica) y, en segundo término, porque ese beneficio para unos siempre implica un perjuicio para otros, lo cual nos lleva, inevitablemente, a la siguiente pregunta: ¿qué justifica que el gobierno otorgue privilegios a unos (por ejemplo: garantizándoles precios más bajos que los del mercado), imponiendo coerciones a otros (por ejemplo: cobrándoles más impuestos para poder garantizar los precios más bajos que benefician a unos cuantos)? Con pocas palabras: ¿qué justifica que el gobierno les quite a unos para darle a otros?

En el corto plazo, desde el momento en el que implican la redistribución del ingreso y la riqueza (el gobierno les quita a unos para darle a otros), los subsidios son injustos, muestra del Estado de Chueco. A mediano plazo, desde el momento en el que impiden que el consumidor pague, por lo menos, el costo íntegro de lo que consume, promoviendo así el despilfarro, los subsidios son parte de la economía ficción que, insisto, es mucho más lo segundo que lo primero. A largo plazo, dado que lo que se gana por la vía de un precio relativamente barato se pierde por la vía de una menor oferta y de una menor calidad, el subsidio genera una ilusión, siendo por ello mucho más ficción que economía. Con pocas palabras: tomando en cuenta sus efectos generales y de largo plazo, no hay nada que justifique el subsidio, razón por la cual su reducción y eliminación debe ser apoyada.

¿Cómo andará de chueco el Estado de Derecho en México que, según lo dicho por la SCJN, “procede conceder la suspensión provisional contra los acuerdos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, por los que autoriza la modificación de tarifas relativas, así como la reducción del subsidio a las domésticas”, es decir, procede otorgar el amparo provisional contra la reducción de subsidios, una reducción que, tanto desde el punto de vista de la justicia, como de la economía, es correcta?

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